| Como dijo en los funerales Víctor Pey, entrañable amigo: “Y cuando el azar de la vida te colocó en un trance histórico, en el vértice dramático de la tragedia, tu ejemplo de desprendimiento personal, de lealtad inalterable, de coraje y valentía constituyeron una realidad con ribetes de leyenda”. En el exilio -y después- La Payita eligió el silencio y la discreción. Se tragó su dolor y soportó culpas imaginarias, mezquindades y la campaña de denigración que montó la dictadura, ensañándose con una admirable mujer. Tuvo responsabilidades -y no quiso cargos- en la solidaridad con Chile y también en la solidaridad con Cuba, a la que amó profundamente. Así lo reconoce la carta que el Comité Central del Partido Comunista de Cuba dirigió a sus hijos, Max e Isabel: “su cariño y respeto por nuestro pueblo, su apoyo y defensa irrestricta de la Revolución Cubana y Fidel le valieron el sitio de honor en el que vivió, vive y vivirá siempre en nuestra patria”. “Los cubanos -agrega la carta- tuvimos el privilegio de tenerla entre nosotros, de compartir nuestra nación, viviendo con intensidad militante años de heroica resistencia y victoria de nuestro pueblo frente a la hostilidad y la agresión, que no ha cesado, del imperialismo norteamericano”. “Estrecha colaboradora del heroico presidente Salvador Allende -señala el Partido Comunista de Cuba- (La Payita) cumplió importantes responsabilidades políticas, que desempeñó con eficiencia y abnegada entrega a las más nobles causas populares que propugnó el gobierno de la Unidad Popular”. | |
| Payita no vivió solamente para la política, para la memoria nostálgica o el recuerdo épico. Vivió intensamente su presente. Volcó amor hacia sus hijos y nietos y también a otros niños que necesitaron afectos de madre. Trabajó de manera ejemplar y ganó a muchos para el esfuerzo común, sin perder el humor ni la ternura. |
En Europa laboró en tareas de turismo y difusión cultural de Cuba y mantuvo la preocupación por el Museo de la Solidaridad que empezó a formar durante el gobierno de Allende. Esa preocupación se hizo más apremiante: había que testimoniar el apoyo que el mundo y los artistas prestaban al pueblo chileno. Fruto de este esfuerzo, que fue colectivo, es el actual Museo de la Solidaridad Salvador Allende, una de las colecciones de arte contemporáneo más importantes y valiosas de América Latina.
De regreso a Chile no se recluyó en su casa. Participó en actividades políticas y culturales de la Izquierda. No fue militante pero cumplió como si lo hubiera sido. Hasta poco antes de la muerte se mantuvo activa, preocupada de lo que sucedía en Chile y el mundo, con la convicción de que en algún momento, no lejano, los pueblos recorrerán de nuevo los caminos del socialismo y que harán realidad, en otras condiciones y circunstancias, las palabras postreras de Salvador Allende. Lectora de nuestra revista siempre participó en las actividades solidarias con “Punto Final”. Todo siempre de manera discreta, sin buscar notoriedad, ajena a toda figuración.
Sus funerales fueron dignos de una militante heroica, de una hermosa leyenda romántica de la Izquierda chilena. Una mujer fuerte cuya delicadeza desafió convencionalismos y peligros y eligió el silencio para no herir a otros. Fueron los funerales de una compañera de hoy, de ayer y de los días que vendrán.
Así la recordaremos
De regreso a Chile no se recluyó en su casa. Participó en actividades políticas y culturales de la Izquierda. No fue militante pero cumplió como si lo hubiera sido. Hasta poco antes de la muerte se mantuvo activa, preocupada de lo que sucedía en Chile y el mundo, con la convicción de que en algún momento, no lejano, los pueblos recorrerán de nuevo los caminos del socialismo y que harán realidad, en otras condiciones y circunstancias, las palabras postreras de Salvador Allende. Lectora de nuestra revista siempre participó en las actividades solidarias con “Punto Final”. Todo siempre de manera discreta, sin buscar notoriedad, ajena a toda figuración.
Sus funerales fueron dignos de una militante heroica, de una hermosa leyenda romántica de la Izquierda chilena. Una mujer fuerte cuya delicadeza desafió convencionalismos y peligros y eligió el silencio para no herir a otros. Fueron los funerales de una compañera de hoy, de ayer y de los días que vendrán.
Así la recordaremos

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